El monotema de las últimas semanas está tragándose nuestras libertades y derechos a pasos agigantados. Cada día vamos entendiendo un poco más qué implicaciones tiene este «estado de alarma» en nuestra vida, estando sanos y/o estando enfermos, siendo niños, niñas, adultos o ancianos, al inicio y al final de la vida. 

Hace ya una semana una matrona del Hospital de Valdecilla (Santander) publicaba este vídeo con las medidas que se estaban tomando en su hospital en embarazo y parto con respecto al coronavirus. Y aunque muchos hospitales responden «tranquilizadores» que las medidas de aislamiento, no poder estar acompañada durante el parto, no piel con piel ni lactancia materna, sólo se aplicarán a las mujeres que den positivo al test del covid-19, cada día nos vamos enterando de más detalles de diferentes puntos de España donde las medidas no se acaban ahí. 

El arresto domiciliario se normaliza mientras vamos haciendo hueco en nuestra mente a la siguiente barbarie, a parir, nacer y morir en soledad. En condiciones de supuesta asepsia, en lugares inundados de enfermedad e infecciones. Aislados de todos pero rodeados de las personas más expuestas, posibles o probables portadores sanos. Asepsia hasta el absurdo para salpicar nuestra experiencia de desconocidos. No es pedir mucho parir, nacer y morir al lado de alguien que te quiere. 

Vamos normalizando abandono, aislamiento y frialdad desde el primer y hasta el último instante de vida. Normalizamos biberones por manos sucias por mucho que se las laven. Lactancia a distancia. Inducciones del parto por ir adelantando tarea. Cesáreas porque no hay suficientes guantes ni mascarillas… ¿nos hemos vuelto locos? ¿hay alguien pensando detrás de cada protocolo o la situación nos ha hecho entrar en cortocircuito?

Hay muchas cosas que se pueden hacer, desde dentro y fuera del sistema, a nivel personal, grupal o colectivo para reducir el riesgo, los recursos y además mejorar las experiencias de parto. 

Como bien advierte Marta Busquets en su vídeo si la ley de autonomía ya se ignoró por completo en el caso de Oviedohace casi un año, en un momento como este muchos sanitarios creen que todo, o virtualmente todo, está permitido. Ten cuidado, protégete. 

¿Estamos dispuestos a buscar la mejor solución para todos? o ¿vamos a seguir trabajando desde el miedo y el control llevado al absurdo?

Tenemos una oportunidad hermosa de generar un cambio, de dar más herramientas a quienes están a punto de parir para reconocer la salud y las desviaciones de la normalidad por sí mismas. Una oportunidad de crear mejores sistemas de respuesta telefónica, que una vez implementados nos reducirán trabajo, ocupación innecesaria de camas e intervenciones innecesarias, con su respectivo coste en un país posiblemente deprimido.

Una oportunidad de recordar que lo más importante es no dañar «primum non nocere». No lo olvidemos. 

22 Marzo 2020

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *